viernes, 27 de septiembre de 2013

Esta contribución del Dr. René Millán y PhD. Roberto Castellanos forma parte de la discusión en línea de Wikiprogress América Latina (http://bit.ly/18oXTu4) "Políticas Públicas para el Buen Vivir y el Bienestar"

Fundamentos y Criterios de Políticas Públicas para el Bienestar Subjetivo (BS) en América Latina.

1.- Fundamentos sobre las políticas públicas para el bienestar subjetivo 
Si el bienestar de los individuos es un criterio irrenunciable del desempeño o progreso de una comunidad, sus distintas dimensiones deben ser materia de atención para determinar el modo y pertinencia en que acciones de gobierno y la conducción del Estado deben o no atenderlas. Si con ese criterio asumimos una idea compleja del bienestar individual, el subjetivo no se subsume en las condiciones que determinan su versión objetiva y material. Aunque algunos de los elementos constitutivos de ambos tipos de bienestar encuentran alguna asociación, el subjetivo se conforma y comporta como una problemática aparte y con componentes cualitativamente distintos. Este sólo hecho nos coloca de inmediato en un dilema que se ubica frente a una idea compleja de bienestar y la necesidad de intervención pública. 
Como las otras, las políticas públicas que influyen en el BS nos interrogan sobre las metas y valores que por vía de la responsabilidad pública queremos alcanzar y sostener. Pero a diferencia de muchas de aquellas, las que afectan a BS se distinguen por el aparente carácter “inasible” de la materia que atienden y por la “incomodidad” que despiertan en ciertas tradiciones académicas y políticas. La incomodidad surge sobre todo del hecho de que las políticas que promueven el BS rompen, en parte, con los parámetros clásicos con que se piensan los criterios de intervención pública. Al menos dos posiciones parecen presentar algunos alegatos de importancia. Desde ciertas concepciones clásicas y radicalmente liberales, puede sostenerse que el Estado no debería intervenir particularmente para atender asuntos de conformación subjetiva porque ellos deben permanecer en el exclusivo ámbito de la libertad individual. El punto es impecable. De ahí se sigue que el papel del Estado es garantizar sobre todo dicha libertad. Sin embargo, cuando se repara que la libertad, como ejercicio concreto de experiencia y decisión, surge a partir de muchas fuentes o causas, se advierte que los gobiernos y Estados deben intervenir para garantizar las condiciones de realización de esas libertades y las condiciones de existencia de sus fuentes. En tradiciones más cercanas a América Latina, el alegato surge desde un ángulo distinto pero paralelo. Si asumimos la lógica de la intervención pública como un sistema de control y reducción de riesgos que los individuos enfrentan en sus cursos biográficos, el bienestar subjetivo –parece decírsenos– no debería ser materia de atención dadas la existencia de otras prioridades, sobre todo la pobreza. Los Estados no deberían asumir como “riesgo público” la posibilidad de que los individuos escojan mal sus parejas afectivas. Deberíamos garantizar la salud pero no el riesgo de sufrimiento o las percepciones del propio estado de salud. O mejor: si garantizamos la primera no tendremos el segundo. 
Aunque establecen punto relevantes, ninguno de los dos alegatos niega la importancia del BS. Uno se preocupa por las condiciones de libertad y decisión en que ese puede realizarse pero admite implícitamente la intervención en esas condiciones. El otro, se interroga sobre lo que debe ser considerado como “riesgo público” y sobre lógicas de intervención en las que al atender uno (la salud) se resuelva otro (la salud subjetiva). Lo que admitimos como riesgo de atención pública ha ido y va modificándose y depende de si asumimos o no una idea compleja de bienestar. Las modalidades de intervención en los riesgos deben ser cuidadosamente establecidas pero eso no obvia el hecho de que en el BS no todo (y no siempre) tiene una causa objetiva (enfermedad) que de resolverse lo elevaría (no sufrimiento). Tiene sus propias dimensiones. Lo que deberíamos entender es que en la elaboración de políticas de BS, es preciso respetar ciertos principios, como la libertad, identificar condiciones directas o indirectas que influyen en el BS y modalidades de atención de riesgos según asociaciones causales claras y rigurosamente exploradas.

2.- Políticas públicas y criterios mínimos. 
Puntualmente asumimos una serie de criterios que están elaborados con distinto grado de profundidad pero que resultan imprescindibles. 
a) Es preciso admitir que el BS no tiene una sola fuente, ni una sola ruta. Los individuos discrepan en lo que asocian con su propio bienestar y ese criterio de libertad debe ser respetado. Ni el conocimiento sobre el tema ni el diseño de políticas debe conducirnos a actuar homogéneamente cuando los temas o condiciones no lo requieren. Es absolutamente inapropiado fomentar en toda la población la exigencia de matrimonio sólo porque las investigaciones reportan, para América Latina, un grado de satisfacción muy alto entre quienes se ubican en esa condición. En cambio, podría ser incuestionable establecer la obligatoriedad de ciertos ciclos escolares porque en línea de principio el efecto de bienestar integral que la educación reporta es mayor (satisfacción, estatus, ingreso, competencia social, etc.). Lo delicado de esta cuestión debe ser considerado como un problema de refinamiento en la elaboración de políticas no como una imposibilidad. 
b) Las variables del bienestar subjetivo no deben imputarse externamente al individuo. Nadie como él sabe qué le es necesario para tal fin. Sin embargo, es necesario tener presente una consideración. La investigación como apoyo a la definición de políticas debería atender las condiciones socio-culturales en las que el individuo auto-define y construye su bienestar subjetivo. Indicamos esto como la necesidad de construir escalas de reflexividad y capacidad de elección. Un beduino puede manifestar altísimos grados de satisfacción pero en condiciones distintas de reflexividad y elección que un europeo medio. Las dimensiones sociales, políticas y cultural-simbólicas que determinan o influyen en la valoración de la propia vida deben ser tomados en cuenta para las políticas públicas que pretenden elevar el BS. Eso contribuiría también a promover condiciones de libertad en la toma de decisiones individuales. 
c) En esa línea, muchas de las políticas deberían ser electivas y no condicionales. El carácter electivo de ciertas políticas nos puede ayudar a manejar de modo más acertado el tema tan delicado que se advierte detrás de la pregunta “qué debe ser considerado riesgo social”. Es absurdo prescribir el divorcio a medio mundo si se está en un mal matrimonio, pero es indiscutible que fomentar políticas que lo vuelvan no solo jurídica sino también socialmente posible (sin sanción) podría elevar el BS de quien quisiera tomar esa opción. Algo parecido sucede cuando pensamos en tiempo libre, deporte, lugares para encuentros comunitarios, rompimiento de prejuicios y ampliación de las posibilidades de elección afectiva, o política. 
d) En concordancia con lo anterior, el criterio de la diversificación de identidades debería estar presente en algunas políticas. Diversificación de identidades significa, en un sentido, fomentar políticas para que estas se vuelvan electivas (como la sexual o el estado civil o las de orden político) y de otra, para dar validez a la diversidad de “estilos de vida”. Convalidar socialmente estilos de vida representa introducir criterios que trasgreden ponderaciones exclusivamente objetivas, que las equilibran con factores de calidad, como puede ser la relación entre ingreso y vocación académica. Significa poner en el centro criterios cualitativos de calidad de vida. El fomento y reconocimiento de diversos estilos de vida puede tener impactos favorables contra la discriminación y la desigualdad. Para poner un ejemplo: fomentar un mercado que diversifique productos culturales, comerciales, modas, opciones profesionales de carrera, etc., podría pensarse como una condición indirecta para el BS. 
e) Es prudente distinguir cuando una política pública se focaliza en un aspecto ( tiempo libre, desempleo) y cuando el BS debería actuar como criterio general en las elaboración de políticas. El mejoramiento del espacio físico de un barrio o una ciudad debería preservar e impulsar las formas de cohesión social o los componentes de identidad. El combate a la pobreza, el ambiente. 
f) Si bien es indudable que el bienestar subjetivo tiene una dimensión propia, lo es también que mantienen algunas asociaciones con dimensiones objetivas o dominios vitales. Es de capital importancia conocer esas vinculaciones de manera que se generen políticas adecuadas. Por ejemplo, el acceso a bienes y servicios públicos de calidad (v.g., salud, educación, áreas verdes, agua potable, etc.) ha mostrado ser clave para la satisfacción y bienestar de las personas. Otros aspectos, como el cuidado del medio ambiente y el balance en el uso del tiempo entre el trabajo y otras actividades no laborales también son. Es en esta dimensión, que el conocimiento de las asociaciones entre ambos tipos de bienestar son importantes en las prioridades que pueden precisarse en la definición de riesgos para la intervención. 
g) En la misma lógica, es imperioso entender el problema de la pobreza y desigualdad, particularmente para América Latina. Hay factores como el ingreso que después de cierto monto tienen un efecto marginal en la satisfacción. Para contextos como el nuestro, debería considerarse no sólo el efecto marginal directo, sino el costo de la insatisfacción o infelicidad por las carencias y sus efectos de externalidad para el BS. El carácter decreciente del ingreso, no debe obviar el efecto positivo que alcanzaría de manera indirecta, por ejemplo, en términos de ejercicio de un estilo de vida experimentado como decidido y electo. 
Finalmente, elaborar políticas de bienestar es mantener abiertas las enormes posibilidades de intervención, de redefinición de riesgos que deben ser socialmente atendidos y mejorar las condiciones de libertad de individuos y comunidades.

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Dr. René Millán
Profesor-investigador del Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Coordinador del Seminario “Satisfacción Subjetiva en la Vida y la Sociedad” (SAVISO). Correo: renem@sociales.unam.mx
PhD. Roberto Castellanos
Candidato a Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM e integrantes del Seminario SAVISO. Correo: rcastellanos@comunidad.unam.mx

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